Conquistadores y conquistados

De conquistadores y conquistados: a propósito del 12 de octubre

Mi timeline de Twitter se llenó de argumentos a favor y en contra del 12 de octubre, Día de la Raza.

Hubo incluso un trending topic que decía algo como #NadaQueCelebrar, en referencia a un pasado condenado en el que los nativos americanos vieron truncado su vida y trayectoria a manos de los malvados europeos.

Esto pudiera ser anecdótico, una discusión más sin sustancia de las que se llena Twitter todos los días o como un tema que pasa con el tiempo.

Pero a mi juicio es una manifestación más de la polarización en la que vivimos en México -a la que no podemos acostumbrarnos- en la que todo es blanco o negro sin posibilidad de matices.

Además, creo que se trata de un debate que, bien trabajado, nos puede ayudar en cierta forma a imaginar un país, una realidad en donde quepamos todos. Pero vamos por partes.

De conquistadores y conquistados

El debate del 12 de octubre está dividido, como todo en estos tiempos, en dos bandos: los pro mestizaje y los anti colonialistas

Quienes se muestran a favor del mestizaje destacan las bondades de la llegada de los europeos a una América que en aquel entonces -y todavía ahora- estaba atrasada en muchas áreas de conocimiento. 

Más aún, afirman que la cultura religiosa traída por los europeos hizo posible que los nativos dejaran de matarse y comerse entre sí, para dar paso a una visión de igualdad ante los ojos de Dios, en los que cada individuo tendría posibilidades de desarrollo y un camino al cielo asegurado.

Por otra parte, está el bando opuesto, que asegura que la matanza provocada por la llegada de los colonialistas provocó la pérdida de los valores indígenas y provocó un atraso del que todavía no nos recuperamos.

Es, en resumen, una visión de conquistadores y conquistados que pervive hasta nuestros días y que genera rechazo selectivo hacia lo que nos aportaron los europeos con su llegada.

Curar el pasado y hacer viable el presente

¿Qué tanto es relevante debatir sobre aquellas interpretaciones del pasado? ¿Importa saber cuál de estas posturas tiene la razón?

Desde mi perspectiva, es provechosa toda discusión sobre el pasado que nos ayude a entendernos mejor.

Sin embargo, tenemos que ser serios con las bases históricas sobre las que se funda esa discusión. De otro modo, no tiene sentido debatir porque no habrá posibilidades de concluir nada.

La historia es un rama del conocimiento tan noble que se ha permitido ser manipulada por tramposos para ajustarla a su conveniencia.

Un dolor que México lleva en su propia alma es la incapacidad de reconciliarse con su pasado. Los sectores de derecha e izquierda se han servido de la historia para reivindicar sus dogmas, doctrinas, proyectos políticos y de poder.

México necesita discutir sobre lo que ha sido y curar sus propias heridas, si es que las hay. Más aún, nuestro país tiene que alzarse por encima de esta discusión y constituirse como ese espacio público en el que cabemos todos sus habitantes en plena libertad.

Ni conquistadores ni conquistados, sólo mexicanos

¿Hay deudas históricas que pagar? Puede que sí, pero ello depende de quienes se sientan ofendidos. El derecho a ofenderse es una prerrogativa que cada persona, cada comunidad tiene respecto a otros, y puede hacerse válida o no.

Para que alguien se sienta ofendido debe asumirse como víctima de una injusticia. El que se ofende puede ir más allá de ello y asumir responsabilidad de los actos suyos y sobre el impacto que las acciones de otros tienen sobre sí.

 ¿Qué somos los mexicanos y qué queremos ser? ¿Seguiremos siendo víctimas de un pasado al que le damos demasiado poder para definirnos?

¿O asumimos responsabilidad de lo que históricamente ha ocurrido, y nos redefinimos para plantear un espacio común en el que cabemos todos?

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